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Extraditar a El Chapo

2016-01-11 16:30:00

La reaprehensión del capo de la droga Joaquín El Chapo Guzmán es, indudablemente, resultado de la coordinación de esfuerzos del gabinete federal de seguridad y la DEA. Tampoco hay duda de que se trata de un logro de la administración del Presidente Peña Nieto, como lo fue en su momento la reaprehensión del criminal luego de que se fugara durante la Presidencia de Vicente Fox y que la de Felipe Calderón no consiguiera detenerlo.

Tras la fuga, en julio pasado, de quien fuera declarado por los Estados Unidos como el delincuente más buscado  del mundo luego de la muerte de Osama Bin Laden, los ojos del orbe se posaron sobre nuestro país y circularon en los medios tradicionales y en las redes sociales innumerables notas y artículos sobre el caso.

Tanto si se trataba de críticas bien expuestas, analíticas, como de burlas sin más soporte que la opinión personal de quienes las difundieron, en gran parte de esas publicaciones se aludió a una supuesta incapacidad del Presidente y su gobierno y, aunque en ese material se reconoce a la corrupción como la alfombra mágica sobre la cual El Chapo se deslizó hacia el exterior, ésta solamente se le imputa al gobierno.

Así es, en esas expresiones se deja de lado que se trata de un mal que se encuentra enraizado en la vida del país y que, en cualquier terreno, son los individuos quienes cierran el círculo al participar activamente en él, al ser protagonistas.

Pero no es mi propósito tratar el tema de la corrupción en México, sino señalar la manera como aquellos que gritaron que la fuga del sinaloense se debía a la falta de capacidad del Presidente y su equipo, hoy niegan totalmente cualquier puntaje a su favor por  la recaptura. Queda claro que esas personas jamás estarán conformes, haga lo que haga el gobierno de Peña Nieto, o cualquiera que no sea el de su preferencia.

Sin embargo, para quienes sí nos interesa el caso, está vigente el cuestionamiento de si se le extraditará y si se hará mediante un proceso exprés, o no. Al parecer, son más las voces que señalan que, de hacerlo, el Presidente estaría reconociendo la incapacidad de su gobierno para mantener detenido al delincuente, para evitar que se evada, y eso lo desgastaría.

Consideran que debe hacérsele pagar aquí sus culpas para demostrar que el país, que su gobierno, es fuerte y no teme una nueva huida de un delincuente que ha demostrado capacidad para evadir la acción de la justicia pero, también, incapacidad para mantenerse fuera. Y piensan así a pesar de que reconocen que las instituciones están permeadas por la corrupción y que, por eso, puede volver a pasar.

Personalmente creo nuestro país está listo para vivir una serie de cambios necesarios para seguir creciendo, para que los mexicanos transitemos por nuevas vías que refresquen el  camino y  den nuevo impulso al desarrollo nacional, como es, sin lugar a dudas, la figura de una presidenta mujer.

También puede ser el momento de quitarle una capa de paternalismo a la figura presidencial y aceptarlo como un líder que reconoce sus debilidades, lo mismo que sus fortalezas.

En ese sentido, el Presidente Enrique Peña Nieto podría reconocer cierto grado de vulnerabilidad del gobierno ante la corrupción nacional, una verdad que todos sabemos pero que las autoridades no han asumido como si al hacerlo su capacidad y fortaleza desapareciera. Por el contrario, lo más seguro es que encontrarían el apoyo de la ciudadanía, su reconocimiento y validación.

Así, el máximo narco de México pagaría su pena en una prisión de los estados Unidos y la imagen del Presidente y su administración se fortalecerían rumbo al 2018.

¿Usted qué opina?

*Claudio Gardea Ríos
claudio.gardea.rios@gmail.com
Twitter: @ClaudioGarRos

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