Publicidad

El mítico carnaval de la mística ciudad de Mérida

2013-02-12 23:53:00

*Claudio Gardea Ríos


Mérida, Yucatán a 12 de febrero de 2013.- Una serie de personajes, algunos de ellos animales míticos, otros pertenecientes al universo de las leyendas y, otros más,  al mundo del cine, abandonaron sus espacios habituales para tomar las calles aledañas al Monumento a la Patria, dispuestos a maravillar a un público que espera con ganas de divertirse en las banquetas de la hermosa avenida Paseo de Montejo, convertida en derrotero del desfile que cierra el Carnaval Mérida Mística 2013.


Pegasos, árboles gigantes,  coloridas mariposas, centauros, payasos, princesas mayas, unicornios y personajes del cine infantil, terminan de arreglarse el atuendo, de maquillarse o  de remendarse la falda rota a última hora; otros toman un refresco, comen un kibi o bailan. Todos esperan mientras llega su turno de avanzar sobre la calle para alcanzar el monumento que marca el inicio del desfile.


Y a unos metros de ahí, sobre la banqueta de la avenida, las sillas se multiplican formando un foro donde sus ocupantes disfrutarán y aplaudirán a las comparsas y los carros alegóricos que llenarán sus expectativas sobre lo hermoso que es el carnaval de Mérida, éste que ha calificado a la ciudad de mística.


Y a propósito del calificativo, a la señora de blusa roja y lentes oscuros no le alcanza con la explicación que le da su amiga, o familiar, acerca de la razón de llamar a así a esta ciudad y revira: “debieron llamarle como al pasado, algo en maya, algo que diga más sobre nuestra raíz”, dice. La amiga o familiar guarda silencio, queda como pensando en el nombre que podría haber sido y no fue, yo también.


Las gradas también albergan a un público con ganas de bailar, de cantar, de vivir este carnaval con toda su alegría y no olvidar nunca que han estado aquí, que a ellos, o a algún pariente, les costó venir desde las tres de la mañana para apartar sus lugares, porque ellos no tienen para pagar, o no quieren hacerlo, los 50 pesos que cuestan las sillas.


Mientras los escucho, mi nariz se llena de un delicioso olor a comida que me obliga a voltear y a descubrir a una familia que, con mucha suerte y con la experiencia que han adquirido en tres años consecutivos de apartar su espacio, se han adueñado de un terrenito cuadrado donde han acomodado sus sillas y hasta instalado una mesa para preparar la comida que “nos hará aguantar porque nos vamos hasta que esto se acabe”, comentan.


Con el dato en la mente, cruzo la calle y pregunto para confirmarlo al escuchar: “estas sillas nos las rentaron en 40 pesos, pero esas sillas de al lado -y la señora que está sentada en una de ellas hace un ademán para subrayar que se trata de la silla que ocupa- por ésas pagamos 60 pesos” me responde un señor que viene acompañado de su familia y dice que gastaron 300 pesos en asientos.


Al lado, varias personas se suman a la entrevista para hacer sus comentarios pero, de pronto, pierdo su atención. El desfile ha llegado a donde nos encontramos. Carros alegóricos y comparsas invaden Paseo de Montejo, la música llena el ambiente y mágicamente todo mundo baila y canta. No hay nada que valga perderse la fiesta, ni pagos, ni apartados en horas de la madrugada, ni sillas, ni gradas.


Vuelan globos y confeti, galletas y vasos, botanas y jugos, vamos, aunque a usted pueda parecerle increíble, hasta hamburguesas. Son lanzados por las bellas chicas que, desde las alturas de sus carros alegóricos nos ¿me? sonríen, y hacen recordar que hoy aún es carnaval, que la diversión apenas comienza.


La gente baila, canta y grita mientras los personajes dejan las leyendas, los mitos y las películas para bailar, para contagiarle su risa y llenarle de alegría, para darle un momento como éste y ella, en agradecimiento, también sonríe.


*Claudio Gardea Ríos
claudio.gardea.rios@gmail.com
Twitter:@ClaudioGarRos

Multimedia Relacionada

Publicidad
Publicidad