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Asilo Brunet Celarain es un espacio digno y de calidad para sus residentes

2013-04-29 11:00:00

El asilo Brunet Celarain es un espacio digno, amplio y bien cuidado, que cuenta con la infraestructura necesaria para atender las necesidades de sus 130 residentes y proporcionarles un servicio adecuado que les dota de una buena calidad de vida.

Esto se nota al verlos transitar en sus corredores y pasillos moviéndose sin riesgo, aún quienes lo hacen en andadera o silla de ruedas, gracias a sus amplios espacios y a la atención del personal que se encarga de atenderlos.

Alberga a hombres y mujeres de la tercera edad que encuentran ahí su hogar, un hogar limpio y decoroso, que les ofrece desde lo más esencial como es cobijo, techo y alimentación, hasta la fraternidad  y amistad de sus compañeros, del personal que los atiende y de las siete religiosas que se encargan de que este hogar para personas mayores funcione a la perfección.

Una de esas religiosas es sor Magdalena Sago, quien nos ayuda a conocer el lugar y, entretanto, nos da a conocer que el asilo cuenta con más de 150 años de existencia y que son alrededor de 30 personas las que trabajan para el cuidado de los residentes.

La religiosa cuenta que antes de ser asilo, la hermosa finca fue una casa habitación para gente pobre, de las que llamaban casas de mendigos. En ese entonces, tenían dentro de cada cuarto cocineta y tendederos, “era como una vecindad”, cuenta  sor Magdalena.

Sin embargo, debido a que había muchos ancianitos en la calle necesitados de ayuda y batallando por lo más elemental, que era su comida y un lugar donde dormir, unas voluntarias que venían a ayudar aquí, a asistir a las personas dándoles despensas a las más pobres, vieron que había muchos viejitos y que no existía quien los atendiera y así surgió la idea, fue iniciativa de ellas.

“Entonces buscaron quien se hiciera cargo  de dar un servicio como religiosas y acudieron a nosotras. Somos siete religiosas quienes llevamos la operación del asilo, con el apoyo de 30 trabajadores que se dividen en dos turnos, el de la mañana y las enfermeras que tienen el turno de la noche”, expresa la religiosa.

Sor Magdalena también comenta que el número de ancianitos del asilo oscila entre 130 y 135. La casa está abierta para personas necesitadas, que no tengan recursos, aunque hay personas que no pueden atender a su ancianito, asisten aquí y voluntariamente dan una cuota, pero no es obligatoria”, señala.

Respecto a la manera en que sobrevive el asilo, dice que se sostiene con los donativos que les da la gente, que “siempre ha sido generosa, atenta y afectuosa con el asilo”, afirma.

Y sigue “Hay varios médicos voluntarios que vienen a cubrir la parte de la atención médica, hay servicio social de enfermeros que cubren el turno de la mañana y siempre hay asistencia de enfermeros por las escuelas que permanecen aquí dos o tres meses, pero quienes lo hacen por servicio social cubren todo un año”, dice la religiosa.

Los residentes disfrutan de los amplios corredores y espacios con que cuenta el asilo y se desenvuelven con tranquilidad en los dormitorios y el comedor, donde es notorio el cuidado y la  limpieza, como señala la señora Maricruz García:

“La comida es muy buena, estamos bien atendidos, no nos falta nada, hay mucha limpieza, la gente nos cuida muy bien. A las personas que ya son muy grandes, las tratan con mucho cuidado, son muy amables, los bañan, los asean y lo hacen bien, de buena manera. La verdad tuve mucha suerte de llegar a aquí, dios me trajo, me dio la oportunidad y yo estoy muy agradecida por eso”, explicó.

Los residentes en el asilo Brunet Celarain pueden ir y venir cuantas veces quieran y, además de que sus familiares pueden venir a visitarlos y a llevarlos de paseo con ellos, hay mucha gente que viene a darles recreación, hay gente que se presta como voluntaria para servir como madrina a un viejito y lo sacan a pasear.

La religiosa comentó que la mayoría de las familias están pendientes de sus parientes que viven aquí, son cariñosos y los cuidan, aunque hay quienes están atados a otras actividades ya sea trabajo o familia y no pueden venir seguido.

El asilo ofrece una alternativa para quienes no tienen nada y desean contar con un lugar donde vivir, donde protegerse de las inclemencias del tiempo, donde comer, donde asearse y descansar, pero, sobre todo, donde encontrar amor y atención.

Sor Magdalena Sago explica que el asilo está abierto para cualquier persona que se encuentre en condiciones de indigencia, por lo que quien quiera puede acercarse al asilo y tendrá las puertas abiertas, aunque el espacio es limitado, por lo que debe considerarse que para recibir a un nuevo  residente es necesario que se trate verdaderamente de un indigente y de que haya lugar en ese momento.
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